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Taiwán: Taipéi (segunda parte)

Acabamos de subir al autobús que nos lleva a Sun Moon Lake, es decir, el lago del sol y la luna. Está en una región montañosa del interior, a varias horas de Taipéi, así que tenemos tiempo de parar y reflexionar sobre lo que dejamos atrás.  Después de cuatro días, vamos viendo lo fácil y cómodo que es viajar por Taiwán, además de formarnos una primera idea de cómo es la sociedad taiwanesa. En nuestras entretenidas charlas de viaje, si en algo estamos de acuerdo es que la higiene y la consideración aquí es una constante, una tónica en la actitud social. Un ejemplo de esto último es el hábito de la cola pues, aunque también por organización, se hace por respeto al lugar que ocupa cada uno. También que los paraguas se presten en cualquier parte, que no se puedan subir pájaros al autobús, o ver que la taza de los váteres públicos tienen un adaptador incluido para que los niños también puedan sentarse son más muestras de su consideración que se suman a su ayuda y paciencia en los restau...

Taiwan: Taipéi y Juifen (primera parte)

Cuando en 1542 los marineros portugueses decidieron llamar a Taiwán ihla Formosa (isla hermosa), supongo que no se habían imaginado el mito literario que estaban creando como tampoco el alcance de la certeza de sus palabras pues, casi quinientos años después, este apodo puede seguir utilizándose. Porque sí, porque Taiwán es hermosa, al menos en la sugestión de las primeras impresiones. Aunque no ha sido por su poética denominación, sino por su posición estratégica en las rutas del comercio, la razón por la cual ha sido una isla disputada por todos. Por eso, sus primeros habitantes, aborígenes venidos de los pueblos austronesios (el archipiélago que rodea Australia), tuvieron que ir desplazàndose hacia el interior a partir del siglo XVI hasta casi desaparecer. Holandeses, chinos, japoneses y españoles fueron los encargados de expulsarlos o colonizarlos al apropiarse de sus costas, al principio, y de todo lo demás, después. Así, de invasión en invasión y de mano en mano, llegamos a la so...

La esperanza

Ha nevado y la pradera urbana que hay frente a estas ventanas se extiende con un blanco inmaculado. Todo permanece en silencio hasta que llegan un hombre joven y una niña de más o menos tres años, probablemente padre e hija. Uno tras otro, los dos van dejando las huellas de sus pisadas tras de sí. Inesperadamente, él da una patada a la nieve para hacerla volar. Ríe. La niña, en esa edad de copiarlo todo,   a continuación, empieza también a dar patadas, aunque sin ton ni son y casi perdiendo el control de su cuerpo. Parece que tal escena conmueve al padre porque saca su smartphone y apunta a la pequeña para fotografiarla. Esta, al verlo con el aparato en la mano, de pronto para, se da media vuelta y se sienta sobre la nieve dándole la espalda diríase que harta. Aun así, el hombre insiste con su smartphone sin dejar de apuntarla. Entretanto, la niña ni siquiera gira la cabeza, sigue inmóvil haciendo oídos sordos a las instrucciones del padre. Finalmente, este desiste y guarda su ...

Homo Nimius

De las cinco acepciones que recoge el diccionario de la RAE, la cuarta define el término agonía como "ansia o deseo vehemente”. Es por eso que a esta nos referimos cuando expresamos las consecuencias dañinas que ejercen unos actos realizados en exceso, sin medida ni control; a la que aludimos cuando decimos eso de “es que somos unos agonías". Las ansias fecunda el exceso. Por eso, pasado el estúpido y anodino año nuevo un año más, otra vez toca empezar a recoger la excesiva basura generada del despiporre navideño. También toca retomar las rutinas y, desgraciadamente, volver a encontrarse por las calles decenas de abetos cortados, muertos y tirados pues ya han dejado de cumplir su función decorativa que los relegaba a soportes de feas y tóxicas bolas “ made in da igual dónde” . Junto a ellos, numerosas cajas y envoltorios, botellas, enteras o rotas, restos de bengalas de distintos tamaños y formas, así como alguna que otra rata aprovechada, les hacen compañía. Un año más se re...

El vídeo de los abrazos

Estos días está circulando por la red una felicitación navideña en la que políticos o personalidades importantes, que habitualmente viven enfrentados, se abrazan. Es un vídeo que hace reír a la vez que despierta los mejores deseos de paz porque reconcilia relaciones que suponemos, en principio, irreconciliables. Sin duda un soplo de esperanza en estos tiempos de violencia y polarización política que no viene nada mal.  Sin embargo, por lo inverosímil e improbable del abrazo que se dan en este vídeo Abascal y Rufián, Sánchez y Feijóo o Juan Carlos I y Sofía de Borbón, sabemos que nada de esto ha sucedido, que su gesto no es real y que, probablemente, ha sido amañado con alguna de las nuevas aplicaciones de inteligencia artificial para el móvil, es decir, hecho con una mera e inofensiva herramienta accesible a todos, esa que hasta un niño o un mono pueden manejar. Pero, más allá de sus divertidos y ocurrentes resultados, en el caso de este vídeo de los abrazos, la facil...

Unos días de monzón en Indonesia

1° Etapa. La llegada: Buenos días Yakarta! Aunque más que buenos días tendríamos que desearos buenas noches ya que mientras vosotros dormís o seguís con la fiesta, nosotros, en estas casi antípodas, nos disponemos a salir en busca de algo de fruta y otras alegrías que nos restablezcan y reorienten el cuerpo después de un largo viaje. Ayer aterrizamos aquí, en Yakarta, la capital tanto de Indonesia, el archipiélago más grande del mundo (sólo 17.000 islas de nada) como de la isla de Java, que tiene también el ranking de ser la más poblada del mundo, hecho que puede apreciarse fácilmente. Del mismo modo que sucede en otras ciudades del Oriente tropical, la numerosa presencia de personas se dibuja en el paisaje urbano de contrastes extremos. Por un lado una naturaleza exuberante y frondosa de impresionantes y generosos árboles floreados junto a alegres cantos de aves de cola larga que trinan en sus copas; por otro, rascacielos de aspecto malhumorado, edificios apelotonados, chavolas, puest...

Una vez probado el alivio

Expresarse como uno es después de haber pasado una infancia y juventud escondido, con miedo a que le delaten, señalen, insulten, humillen o golpeen como en tantas veces durante estos años en el colegio, el instituto, los espacios de ocio o en la misma acera, es un alivio. Poder vivir expresándose, mostrarse amando libre y públicamente a quien le dicte su corazón y su sexualidad sin el temor y el terror de ser castigado por ello, es un tesoro que sólo los que hemos sufrido una represión así durante parte de nuestras vidas, sabemos de su inmenso valor, de su significado: es el sabor de la libertad, el alivio de ser uno mismo. Y es precisamente la posibilidad de volver a perderlos (el alivio y la libertad) a cambio de volver a los días de "anonimato forzoso", de estigma, de mentiras y temor, lo que nos pone la carne de gallina cuando vemos que las agresiones físicas y verbales hacia las personas homosexuales, transexuales o de diversidad de género son cada vez más frecuentes y r...