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Cuando todo se va a tomar por culo y la señora Bocanegra

Isabel Diaz Ayuso se ha vuelto a llenar la boca de mierda y los de su partido, al apoyarla, también. Ahora defienden que, a la hora de asignar becas de carácter público, es decir, aquellas compensatorias que existen para garantizar la igualdad de oportunidades en la vida académica de los que menos tienen, debe primar la nota y no la renta per cápita, por alta que sea y aunque sus ingresos anuales superen los cien mil euros o, dicho de otro modo, más de ocho mil euros al mes. Sin duda, este proceder se merece otro gallifante en la infame carrera hasta el pódium de la desigualdad que lleva a cabo el Partido Popular. Ahora, gracias a las políticas de Ayuso, en el momento de asignar una ayuda al estudio, es irrelevante que el estudiante “A”, que procede de un ambiente familiar crispado a causa de la carestía o la precariedad, tenga que hacer un mayor esfuerzo metal, físico y moral para conseguir una nota parecida a la del estudiante “B”, el cual, apoyado por una situación económica famil...

Donald y el placer del pollo frito

Y el albor irrumpió en la oscuridad de la noche como nunca antes lo había hecho.  El primer sol coloreaba de pálidos dorados la fría bóveda azul tornasolada y Venus resplandecía sonrosada mientras en la línea de horizonte una mácula de luz abría los párpados al fértil valle. Árboles, arbustos, ríos, lagos, seres iridiscentes de agua, tierra y aire se sacudían el sigilo de la luna e iniciaban la coreografía matutina del Todo. La vida bendecía a la vida y desde el ventanal de la habitación de maternidad Mary Anne y Fred eran testigos de aquel instante único. Abrazados, admiraban el espectáculo que Dios les traía hasta sus propiedades, toda aquella expresión munífica que ocurría dentro de sus tierras les pertenecía, solo a ellos dos, los elegidos. A la fuerza, aquel amanecer tenía que ser una señal del Creador si no cómo se explicaba. –Los elegidos… –decirlo les había provocado un largo suspiro que interrumpieron tres golpes a la puerta. –… Dos y tres –contó Mary Anne–. Esta ve...

El agua de Ricky

No hace mucho tiempo, en un reino no muy lejano del universo digital, existía un influencer llamado Ricky que ejercía un gran poder gracias a su imperio de likes . El mundo entero lo adoraba y cada una de sus intervenciones en redes sociales era esperada con gran expectación y algazara. Tan extendida estaba por entonces la rickymanía que, nada más colgarse sus vídeos en la red, solo eran necesarios unos segundos para que el contador de visitas se disparara hacia cifras millonarias. Era normal, sus fervorosos followers , habiendo aguzado el oído con gusto, propagaban su credo compartiendo sus vídeos hasta los confines del big data . A Ricky su trabajo le encantaba, de ahí que no hiciera ascos a ninguna oferta laboral, eso sí, siempre y cuando viniera acompañada de un considerable monto de dinero. Por lo general, no tenía escrúpulos, así pues, le daba exactamente igual si se fotografiaba con oligarcas rusos, pacifistas alemanes o revolucionarios venezolanos; si fomentaba el ecocidio, ...

Caperucita en Moscú

El otro día los medios de comunicación se hicieron eco de que el ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se reunió en dependencias oficiales catalanas con Nikolay Sadovnikov, exdiplomático ruso y emisario de Wladimir Putin, un día antes de proclamar la independencia de Cataluña. El ruso le habría prometido la friolera de 500.000 millones de dólares en ayuda militar. ¿A cambio de qué? (Silencio). Afortunadamente, el ex presidente de la Generalitat rechazó el ofrecimiento, pero ¿qué hubiera pasado si lo hubiese aceptado? Una posibilidad nada descabellada si tenemos en cuenta el fervoroso culto a sus intereses particulares por el que muchos políticos se consagran y por el que dejan pisoteado, cual cucaracha, el interés general. Una práctica que de tanto repetirse, ni perturba ni abruma, pues aliena. Por eso, a continuación, os propongo un juego, una actividad creativa para que volváis a brillar por vosotros mismos. Es muy fácil, consiste en adivinar quién es quién, qué papel...

In Spain we call it soledad” de Rigoberta Bandini

A los dos les gustaba escuchar música juntos, compartir sus temas comunes y los que acababan de descubrir; aquel día de verano era lo hacían en el coche. Jaime vivía en el extranjero y había venido unos días a España, a la playa, para pasarlos con su hermana. Entonces ella puso “In Spain we call it soledad” de Rigoberta Bandini, una intérprete de la que hasta aquel momento no había tenido noticias. Sonaron los estribillos: (…) In Spain we say “it's amargura” In Spain we say “ay, me desangro” In Spain we say “qué coño hago” In Spain we say “joder qué largo” In Spain we call “it soledad, ah ah ah ah” (…) In Spain we say "it's amargura" In Spain we say "ay, qué desastre" In Spain we say "ay, me desangro" "Llama a alguien, qué me muero Que te quiero pero, ay, qué me muero" In Spain we call it soledad –Joder, qué retrato tan acertado –exclamó el hermano ojiplático –¿Y esta tía quién es? Ponla otra vez, ponla otra ve...

Un día de sol

El sol, que atravesaba el cristal de la ventana de su dormitorio, le despertó calentándole primero la nariz y luego la frente. –Sol y hoy libro –pensó con pereza al bostezar –por fin. Y en dos movimientos continuos, casi coreográficos, se desperezó y se encogió abrazándose a la almohada para, inmóvil, recoger todo el calor posible. El cielo de los meses pasados había estado completamente encapotado y el único sol que se asomó durante este tiempo lo hizo por la pantalla del ordenador o por los carteles de las salas de bronceado. –Hoy no me levanto –fue lo segundo que se dijo –tengo todo el día para mí.   En la calle no se escuchaba nada, ni gente, ni pájaros, ni tráfico. Solo silencio. Quizás porque en ese momento sus vecinos se estaban entregando al mismo placer que él. –Desde luego no estaría mal –sonrió. Pero si hubiera sido así, al menos, se habría escuchado algún gorrión trinar de felicidad y tampoco era el caso. ¿Entonces qué? Tal vez se encontraba dentro de su propio sueño, u...

El pastorcillo mentiroso

El pastorcillo mentiroso Me pregunto si los padres de hoy seguirán contando cuentos clásicos a sus hijos como se hacía antes de que internet llegara a nuestras costas y nos colonizara con la gratificación permanente del posibilismo. A veces da la impresión de que no. Desde luego sería una pena que esta buena práctica se haya perdido entre tanto navegar y navegar por mares virtuales de posibilidad; que a los más pequeños se les haya privado de esta herramienta tan útil para construir el mapa de un mundo por el que, años más tarde, sí o sí habrán de transitar. A estos clásicos pertenece, entre otros, El pastor mentiroso. Ya sabéis, la fábula de Esopo en la que se narra la historia de un joven que se divertía atemorizando a sus vecinos mientras cuidaba del ganado. –¡Socorro! ¡Qué viene el lobo! –gritaba desde las más ventajosas de las cumbres y los más privilegiados de los peñascos para poder ver a los aldeanos subir presurosos, armados de valor y aterrados (valga el oxímoron); disp...